La Unión Europea tiene los procesos de autorización de cultivos transgénicos más lentos del mundo. Los retrasos en las autorizaciones superan los 120 meses pese a que  la seguridad del transgénico en cuestión haya sido demostrada científicamente por la Autoridad de Seguridad Alimentaria Europea (EFSA).

Los políticos europeos prohíben cultivar semillas modificadas genéticamente cuya producción permiten importar. Un ejemplo es el del algodón transgénico, cultivo prohibido en la Unión Europea cuya producción se importa de los Estados Unidos para crear, entre otras cosas, los billetes de euro.

Pese a que otras monedas usan para la elaboración de sus billetes materias muy diversas, los billetes de euro están hechos exclusivamente con algodón. El Banco Central Europeo (BCE) importa casi la totalidad del algodón de los Estados Unidos, país en el que prácticamente el 100% del algodón es a día de hoy transgénico.

La Unión Europea mantiene así un doble rasero ante los transgénicos ya que impide cultivar organismos modificados genéticamente cuya producción después importa. Muchas agrupaciones de agricultores llevan tiempo pidiendo que Europa abra las puertas a los cultivos transgénicos, especialmente al algodón, cultivo que está desapareciendo en países como España al no resultar rentable.

Las ventajas del algodón transgénico

Uno de los ejemplos más importantes de las ventajas de la introducción del algodón transgénico es el de India, país que desde su introducción de este cultivo modificado genéticamente en 2002 ha pasado de ser importador de dicha materia a ser el segundo país exportador de algodón del mundo.

Con un incremento productivo del 70% desde 2002, el cultivo de algodón transgénico ha supuesto el ahorro de 20.000 toneladas de plaguicidas. La superficie cultivada con algodón se ha incrementado un 40% y la producción ha crecido un 57% respecto a la obtenida con semillas convencionales.

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