El catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Burgos, Manuel Pérez Mateos, asegura que la seguridad sanitaria de los alimentos transgénicos “es incluso mayor que la de los convencionales” y que “no tiene sentido” estar en contra de esta tecnología “que lo único que aporta es mayor precisión y capacidad de control”. Tras recordar los datos del último Eurobarómetro, publicado el pasado mes de mayo, que refleja que los europeos se muestran más y mejor informados y con mayor confianza en la biotecnología alimentaria, Pérez Mateos asevera: “Los transgénicos están aquí y han venido para quedarse”.

Este catedrático dirige el departamento de Biotecnología y Ciencia de los Alimentos de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Burgos (UBU), pionera en España en impartir estudios de Ciencia y Tecnología de los Alimentos, desde 1991. Pérez Mateos ha organizado, asimismo, el curso Seguridad alimentaría. Biotecnología y alimentos, el pasado mes de noviembre. En una entrevista concedida a Antama, subraya que la biotecnología “ofrece soluciones alternativas” a los “principales problemas base de la mayoría de crisis y conflictos en el mundo: los alimentos, la salud, la energía y el medio ambiente”.

Explica que el ser humano lleva practicando la modificación genética desde la Antigüedad, y que lo “único novedoso” de la ingeniería genética, empleada para conseguir alimentos transgénicos, es que combina técnicas “mucho más precisas y rápidas” que las tradicionales. “No tiene sentido para mí estar en contra de esta tecnología”, apunta. Además, ve necesario que exista en Europa “un gran debate social” sobre la aplicación de la ingeniería genética “con rigor, dejando de lado afirmaciones e informes sensacionalistas” que no tienen base científica, como, en su opinión, se encuentran con frecuencia.

Respecto a la seguridad sanitaria de estos nuevos alimentos, Pérez Mateos subraya que “es incluso mayor que la de los convencionales, ya que no ha habido ningún alimento que haya pasado más controles y con mayor profundidad que los transgénicos”. Señala que los riesgos medioambientales de la plantas modificadas genéticamente (MG) son “los mismos” que los de las plantas no transgénicas. Y añade que muchos países en desarrollo “están apostando decididamente por la biotecnología molecular para la producción de alimentos”, como Argentina, Brasil, China, Paraguay Uruguay, México, Colombia, Honduras, Irán, Vietnam o Cuba. “Es difícilmente cuestionable que puedan vivir sin transgénicos”, sostiene el catedrático.

“Los transgénicos están aquí y han venido para quedarse”. Pérez Mateos basa esta afirmación en una serie de datos que la avalan: desde 1996, la superficie cultivada

con variedades transgénicas ha ido creciendo “de forma imparable” hasta alcanzar, en 2005, la “impresionante cifra” de 90 millones de hectáreas, cultivadas por 8,5 millones de agricultores en 21 países, de los que 7,7 millones viven en países en vías de desarrollo. Por último, considera que la biotecnología tiene aplicaciones “innumerables e indescriptibles” y, entre otras, cita las siguientes: alimentos con mayor contenido nutricional, aceites ricos en ácido oleico saludable, soja no hidrogenada sin grasas trans, tomates con mayor contenido en antioxidantes, café descafeinado en la propia planta, tabaco sin nicotina, vacunas orales y cervezas con menos calorías.

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