Un año más, la Fundación ANTAMA ha participado en el curso gratuito sobre Biotecnología Elemental del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (UAM) destinado a profesores de secundaria, acercándoles los últimos avances sobre biotecnología con el fin de que la Biología Molecular y la Biotecnología se implemente curricularmente en estos centros de enseñanza preuniversitaria. Y es que las técnicas de laboratorio basadas en los ácidos nucleicos avanzan tan rápidamente que es un área docente que requiere una actualización continua.

La Fundación ANTAMA ha participado en la tercera jornada de sesiones analizando la evolución de los cultivos transgénicos en el mundo y ofreciendo también una perspectiva de futuro en el campo de la agricultura y la alimentación. En su intervención, Soledad de Juan (Directora de la Fundación) recordó el gran reto alimentario al que nos enfrentamos: alimentar a una población creciente que demandará un incremento productivo de más del 60%. Sin olvidar el reto de los recursos como el agua, recursos finitos que hay que cuidar mucho. Por todo esto “tenemos que producir más con menos”, y la tecnología y la innovación es clave.

LOS TRANSGÉNICOS EN EUROPA

Ante estos retos la biotecnología agraria es clave para producir más con menos, pero la Unión Europea se ha quedado atrás en la apuesta por la ciencia y la innovación para afrontar estos retos. Soledad recordaba que a día de hoy solo España y Portugal cultivan semillas transgénicas, en concreto maíz Bt, la única variedad modificada genéticamente cuya siembra está autorizada en el marco europeo. Bruselas impide cultivar semillas cuya producción luego importamos. “La Unión Europea permite importar más de 100 eventos biotecnológicos pero sólo permite a sus agricultores cultivar una variedad”, remarcó.

Esta situación “no tiene ningún sentido, no permitimos a nuestros propios agricultores ser competitivos ni tener acceso a las mismas herramientas que usan en el resto del mundo”. En esta línea, recordó que la Unión Europea tiene uno de los análisis de riesgo más estrictos del mundo en torno a los transgénicos. Pero las decisiones políticas llevan años dando la espalda al criterio científico para legislar y tomar decisiones en base a ideologías e intereses particulares.

Esta situación ha llegado al límite de permitir a los países europeos prohibir los transgénicos en su territorio pese a que hayan sido aprobados en Bruselas y pese a que hayan superado todos los controles científicos de seguridad pertinentes. Soledad recordó que esta decisión “rompe con el concepto de la Unión Europea” y es algo que no ha ocurrido nunca en ningún ámbito comunitario. Europa sigue dando la espalda a esta tecnología dentro de sus fronteras pero es dependiente de las importaciones de transgénicos.

El mejor ejemplo de la dependencia de las importaciones de transgénicos es el de la soja. “La Unión Europea produce solo el 5% de la soja que consume, el resto la importamos y casi su totalidad es transgénica”, explica Soledad, quien recuerda que la soja importada se destina prácticamente en su totalidad a alimentar a nuestra cabaña ganadera, para la elaboración de piensos. “Europa está renunciado al cultivo de la soja transgénica por motivos ideológicos, no por motivos científicos, y eso es un error garrafal”, remarcó.

“El mundo avanza y Europa debe aplIcar el sentido común y apostar por la innovación para afrontar los retos que tenemos, si no lo hace perderemos el tren de la innovación como pasó con los transgénicos”, concluyó.

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