José María Seguí Simarro entrevista

Hace aproximadamente un año, la editorial de Publicaciones de la Universidad de Valencia publicó la obra ‘Biotecnología en el menú: Manual de supervivencia en el debate transgénico’, una publicación que aborda mitos y leyendas de los transgénicos y que aporta argumentos con rigor científico para mostrar la realidad de esta tecnología. Su autor es José María Seguí Simarro, Doctor en Biología, profesor del Departamento de Biotecnología de la Universidad Politécnica de Valencia e investigador del Instituto para la Conservación y la Mejora de la Agrodiversidad Valenciana (COMAV).

Ofrecemos una entrevista exclusiva de Fundación Antama a José María Seguí Simarro en la que analiza la realidad de la biotecnología agraria y alimentaria y la situación de la Unión Europea.

¿La biotecnología es un lujo o una necesidad?

Pues como otras muchas tecnologías humanas, puede ser las dos cosas, dependiendo de qué se haga con ella. Me explico: Sería un lujo si se utilizara para, por ejemplo, fabricar tomates blancos, cuya única diferencia con uno normal fuera que son blancos. Pero hay otros casos en los que la biotecnología puede desarrollar cultivos capaces de crecer en zonas áridas, o en suelos salinos, donde no puede crecer nada hoy en día, y donde la gente pasa hambre a causa de esto, o cultivos enriquecidos en ciertas provitaminas deficitarias en la dieta de la población de determinadas regiones del planeta. En estos casos, y en muchos otros parecidos, es evidente que sería una necesidad.

¿Qué dice la ciencia sobre la seguridad de la biotecnología alimentaria?

Si nos atenemos a los ya abundantes artículos, informes y estudios científicos, la conclusión es tajante: un alimento biotecnológico autorizado es tan seguro como lo pueda ser su variante no biotecnológica. Quizá incluso más, pero no menos. Dicho de otro modo: si somos alérgicos a la piel del melocotón convencional, también lo seremos a la del melocotón transgénico. Sería estúpido achacar esta alergia a su naturaleza transgénica (aunque hay quien lo hace). O sea, no nos pasará nada que no nos pase con un melocotón convencional. No olvidemos que nunca, jamás en la historia de la humanidad, ha habido alimentos más y mejor controlados y estudiados que los biotecnológicos.

¿Es la mejora genética algo nuevo?

No, en absoluto. Desde que apareció la agricultura sobre la tierra, hace sobre 10.000 años, comenzaron a mejorarse las plantas. Muy poco a poco, de forma rudimentaria, y casi sin saberlo. Lo que ha cambiado drásticamente es la velocidad a la que se ha avanzado en los últimos 100 años, fruto del enorme avance en disciplinas como la genética, la ingeniería y la biología molecular, y de la aplicación práctica de estos avances a objetivos concretos de mejora.

biotecnologia en el menú segui simarro¿Por qué grupos ecologistas rechazan la biotecnología agraria y alimentaria pero aceptan el resto de aplicaciones?

En realidad, lo que rechazan son los cultivos transgénicos. Yo no conozco grandes protestas por utilizar semilla híbrida convencional, que tiene un componente biotecnológico tan grande o más que los transgénicos. En cuanto a los transgénicos, su argumentario oficial dice que se oponen porque estos organismos no están confinados, sino que se liberan al entorno, y esto puede generar problemas. Y ahí se quedan. Este razonamiento se deriva de una ignorancia, en general, sobre el tema del que hablan.

El único problema demostrado de los cultivos transgénicos es que provocan pérdida de biodiversidad. Es evidente que si eliminamos una hectárea de bosque virgen para cultivar maíz transgénico, genéticamente homogéneo, arrasaremos toda la biodiversidad de la hectárea. Pero es igual de evidente que esa biodiversidad se pierde igual si en esa hectárea se cultivan variedades híbridas convencionales, no transgénicas, que son, por cierto, las mayoritarias, y por tanto las principales responsables de la pérdida de biodiversidad. No parece muy inteligente demonizar a un agente muy secundario en la pérdida de biodiversidad (los cultivos transgénicos), y eludir la causa principal.

¿Qué ha conseguido la biotecnología en el sector alimentario?

La biotecnología ha conseguido muchísimos más avances de los que la sociedad percibe. Mencionaré tan solo dos ejemplos, uno a nivel de agricultor y otro a nivel de consumidor, pero los hay a cientos. Hace ya unas décadas que se inició un programa de renovación de la citricultura española utilizando una técnica de cultivo in vitro denominada microinjerto, que permitió eliminar los distintos patógenos que provocaban grandes pérdidas a los agricultores. Gracias a esto, hoy día prácticamente todos los plantones de cítricos están sanos, lo cual ha tenido un impacto multimillonario en el sector de los cítricos españoles.

Centrándonos en aspectos que repercutan más directamente en el consumidor, podemos hablar de las distintas variedades frutales sin semilla que llevan ya tiempo comerciándose. Gracias a aplicaciones biotecnológicas de procesos como la partenocarpia, la estenospermiocarpia, o a la obtención de plantas triploides, podemos disfrutar de sandías, uvas, naranjas, mandarinas, tomates, etc, sin semillas. Como decía, ejemplos hay ya a cientos, y todos ellos sin utilizar transgénesis, que como sabemos, no se puede. Si se pudiera, el impacto sería aún mayor, a todos los niveles.

¿Puede permitirse la Unión Europea dar la espalda a la biotecnología?

Poder, puede. De hecho lo está haciendo. Pero no debe. Es una de las varias contradicciones de la Unión Europea. Resulta muy llamativo ver cómo en la estrategia Horizonte 2020, que regirá el desarrollo científico y tecnológico europeo en los próximos años, se nos demanda a los investigadores que desarrollemos avances científicos y tecnológicos de impacto, que posicionen a Europa de forma competitiva frente al resto del mundo, y al mismo tiempo, esa misma UE margina uno de los máximos exponentes de este tipo de avances, como es la transformación genética.

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