Los dirigentes políticos mundiales deben “actuar de forma urgente” para frenar la subida del precio de los cereales y otros productos de primera necesidad o habrá más hambre y malestar social, advirtió la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), según informa EfeAgro.

La alarma fue dada por el director general de esa organización, el senegalés Jacques Diouf, en una rueda de prensa en la que recordó la convocatoria en Roma de una reunión internacional en junio de este año para abordar el problema. La subida de los cereales, el arroz y otros alimentos de primera necesidad requiere una “acción urgente”, resaltó Diouf, que afirmó que “existe la posibilidad de que la gente muera de hambre”.

De hecho, para Diouf la gente ya está muriendo por esa razón en los disturbios que se producen en muchos países, entre los que citó Egipto, Camerún, Costa de Marfil, Senegal, Burkina Faso, Etiopía, Indonesia, Madagascar, Filipinas y Haití. El director general de la FAO recordó también que en Tailandia y Haití los gobiernos han desplegado el Ejército para evitar que se asalten los campos y almacenes.  Todo ello está ligado a la inflación, dijo Diouf, que presentó el informe sobre las previsiones de la producción de cereal y arroz 2008.

A pesar de que en este año se puede alcanzar un récord de producción, con 2.164 millones de toneladas, lo que representa un 2,6 por ciento más que el año anterior, Diouf dijo que los precios no bajarán probablemente, ya que los factores que han disparado la inflación son estructurales y no coyunturales.

La importación de cereales en los países más pobres del mundo subirá un 56% el bienio 2007-2008, según datos de la FAO.  Esa subida está relacionada directamente con el cambio climático, debido a las inundaciones y sequías en muchas partes del mundo, entre las que Diouf citó a España y la situación en Barcelona.

La fuerte inflación se debe también a la subida del precio del petróleo, que encarece los fertilizantes y el transporte de los productos, así como a la dedicación de una mayor cantidad de grano para alimento del ganado y a la fabricación de los biocarburantes. Por si fuera poco, las reservas están en sus mínimos de los últimos 30 años y ascienden 405 millones de toneladas, lo que favorece la especulación en el mercado de materias primas de Chicago, señaló Diouf.

La inflación impide a las naciones pobres alimentar a sus pueblos pero, además, les bloquea el poder acceder a los medios para que la situación no se convierta en crónica. Diouf dijo comprender a los gobiernos que han limitado la exportación para proteger a sus ciudadanos y se preguntó cuánto durarían si no hubieran adoptado tales medidas.

Aunque la situación afecta más a los países menos desarrollados, donde entre un 50 y un 60% de los ingresos se destina a la comida, Diouf observó que también se nota la inflación en los países ricos, en los que ese porcentaje se sitúa entre un 10 y un 15%, y recordó, por ejemplo, la “huelga de la pasta” en Italia.

Para buscar soluciones a corto plazo exigió el envió “masivo” de semillas a los agricultores del Tercer Mundo para que puedan empezar a producir y dar soluciones a sus mercados. Sin embargo, dijo que a largo plazo necesita una acción decidida de todos los líderes mundiales, “ya que no se trata sólo de un problema económico, sino también político y social”.

Para ello, la FAO ha convocado una Conferencia de Alto Nivel sobre la Seguridad Alimentaria Mundial y los Retos del Cambio Climático y la Bioenergía, que se celebrará del 3 al 5 de junio en Roma. Después de recordar que la FAO dio la alarma sobre este asunto en junio pasado y afirmar que “ya se ha perdido mucho tiempo”, Diouf pidió la mayor presencia de líderes mundiales en la reunión para poder solucionar el problema de la inflación de los alimentos.

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